
Cultura para reparar el espacio común: cómo reabrir el diálogo público
La cultura no repara el espacio común porque cierre conflictos rápido, sino porque puede abrir reconocimiento, presencia compartida y aprendizaje institucional.
En proyectos sociales y culturales, los testimonios funcionan. Ya sea para explicar un problema complejo en dos minutos, para acercar una realidad lejana o para dar vida a un informe. El riesgo es que, cuando funcionan demasiado bien, también pueden hacer daño.
Daño a la persona que cuenta su historia (por exposición, estigmatización o pérdida de control). Daño a su comunidad (por simplificación o mirada paternalista). Daño a la organización (por pérdida de confianza cuando alguien siente que su voz se usó como recurso).
Este blog no va de “storytelling” ni de “advocacy” en el sentido habitual. Va de otra cosa: gobernanza ética del relato humano.
Es decir, reglas claras para recopilar, editar y publicar historias sin convertir a la gente en material de comunicación.
La mayoría de problemas no vienen de la mala intención. Vienen de la prisa, del formato y del desequilibrio de poder.
Una historia “que funciona” suele tener tres ingredientes: emoción, claridad y un arco narrativo. Pero la vida real casi nunca cabe en un arco narrativo sin recortes. Ahí aparece el riesgo invisible: para que el público entienda rápido, tú simplificas; para que la historia impacte, tú intensificas; para que sea compartible, tú recortas contexto.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) publicó en 2024 unas directrices muy claras sobre recogida ética de contenido para comunicación pública: dignidad, cuidado, consentimiento informado, y atención especial a grupos vulnerables, también en la fase de edición y postproducción.
Ese enfoque pone el foco donde toca: el problema no es “contar historias”, es cómo las recoges y qué consecuencias tienen.
Otro marco útil, muy utilizado por organizaciones internacionales, es el Código de Conducta de Dóchas sobre uso de imágenes y mensajes: insiste en respetar dignidad, evitar estereotipos o sensacionalismo y representar las situaciones con su contexto, no como postal emocional.
Cuando ese cuidado falla, suelen pasar cosas muy concretas:
Nada de esto se arregla con un “formulario firmado” si el proceso no es digno.
No necesitas un manual eterno. Necesitas seis principios que puedas aplicar siempre, incluso con poco tiempo.
Consentimiento real significa que la persona entiende qué va a pasar con su historia.
Entiende dónde se publicará, durante cuánto tiempo, si habrá traducciones, si podrá circular fuera de tu control, y si hay opción de anonimato.
El CICR subraya el consentimiento informado como base y recuerda que con grupos vulnerables hay que extremar el cuidado.
Y, desde el lado legal, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) europeo deja una idea muy útil para comunicación: retirar el consentimiento debe ser tan fácil como darlo.
Un truco que funciona: en vez de preguntar “¿estás de acuerdo?”, pregunta “¿cómo lo has entendido?”. Si no lo pueden explicar con sus palabras, no hay consentimiento real.
Capacidad de decisión significa que la persona decide qué cuenta, qué no cuenta y cómo se la nombra. También significa que no empujas la historia hacia el guión que a ti te conviene.
Si el testimonio solo muestra carencia, sufrimiento o dependencia, falta autonomía y voz propia. La dignidad no es “hablar bonito”: es mostrar a la persona con capacidad de decisión, aunque el contexto sea difícil.
Esto conecta con buenas prácticas periodísticas cuando se trabaja con menores: UNICEF insiste en representar sin comprometer derechos ni bienestar, y en proteger especialmente a niños y jóvenes en la forma de reportar.
El Código de Dóchas lo dice sin rodeos: hay que representar la situación en su contexto inmediato y más amplio para mejorar la comprensión, y evitar mensajes que estereotipen o discriminen.
Contexto no significa añadir un párrafo académico. Significa lo mínimo para que el público no saque conclusiones falsas. Por ejemplo:
El contexto también protege a la persona: evita que parezca “culpa individual”.
Hay palabras que se quedan. “Vulnerable”, “beneficiario”, “marginal”, “sin recursos”. Algunas son útiles en informes, pero en comunicación pública pueden fijar identidades.
No estigmatizar significa revisar lenguaje y encuadre para que no reduzca a la persona a un rasgo: pobreza, migración, discapacidad, trauma.
Si tienes duda, prueba esta pregunta: ¿le gustaría a esa persona ser presentada así en una sala donde está su comunidad? Si la respuesta te incomoda, toca reescribir.
Este principio evita muchos daños a largo plazo. Las personas cambian de opinión. Cambia su contexto. Cambian sus riesgos.
El RGPD recoge explícitamente el derecho a retirar el consentimiento en cualquier momento y la idea de que retirarlo debe ser fácil.
En comunicación, el estándar práctico sería: explicar desde el principio cómo se retira, a quién se escribe, y qué puedes hacer (retirar publicación, borrar de canales propios, parar reutilizaciones futuras).
No prometas lo imposible (no puedes controlar capturas o republicaciones), pero sí lo que está en tu mano.
Este punto cambia el tono de toda la relación. Revisión significa que la persona ve (o escucha) cómo queda su historia antes de publicarse, especialmente si puede afectar a su seguridad, reputación o bienestar.
La revisión no es “pedir permiso dos veces” por burocracia. Es evitar sorpresas y corregir interpretaciones que, en edición, a veces se cuelan sin mala intención.
Aquí va un proceso sencillo que puedes aplicar tanto si haces una entrevista escrita como si grabas vídeo o foto.
Antes de hablar con nadie, aclara tres cosas internamente:
Prepara también un consentimiento en lenguaje normal. Dos párrafos, no dos páginas. Y define desde el inicio la “puerta de salida”.
Si hay menores o personas especialmente vulnerables, sube el estándar. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) recuerda que no se debe entrevistar o fotografiar a menores sin consentimiento previo del tutor legal, y que incluso entrevistas “anónimas” pueden permitir identificación por detalles.
En la conversación, explica primero el marco: dónde saldrá, qué pueden decidir, qué pueden parar.
Después, deja que la persona marque el ritmo. Tu papel es acompañar, no dirigir. Si notas señales de incomodidad, no insistas. Y si el tema es sensible, evita preguntas que obliguen a revivir el trauma “para que quede más potente”.
En foto y vídeo, este punto es clave: muchas personas aceptan la entrevista, pero no son conscientes de lo que implica una imagen pública. El CICR insiste en el cuidado también en la captura y en el tratamiento posterior del material.
Antes de publicar, revisa con dos gafas:
Aquí se decide también el nivel de identificación: nombre real, iniciales, pseudónimo, rostro visible, desenfoque, voz modificada. No es paranoia: es prevención.
Cuando trabajas con menores, UNICEF recuerda el deber de proteger derechos y bienestar en la forma de representar.
Antes de publicar, comparte la versión final con la persona (cuando sea viable) o, como mínimo, los extractos clave y las imágenes. Si corrigen algo, escucha: a veces detectan riesgos que tú no ves.
Después de publicar, deja un canal abierto para revocar o ajustar. Y archiva el material con cuidado: quién tiene acceso, dónde se guarda, cuánto tiempo.
Esto es gobernanza: no se trata de “nosotros somos buena gente”, se trata de que el sistema no deje a nadie desprotegido.
Sobre consentimiento
Sobre capacidad de decisión
Sobre contexto
Sobre estigma y lenguaje
Sobre seguridad y privacidad
Sobre revisión
Si este checklist te obliga a reescribir una parte, es una buena señal: estás tomando en serio la dignidad.
Los testimonios no son contenido para marketing y comunicación. Son personas que te prestan algo frágil: su voz, su imagen, una parte de su vida. Cuando la organización lo gestiona bien, el relato gana fuerza sin perder humanidad. Cuando lo gestiona mal, la historia puede “funcionar” y, aun así, dejar daños.
Si te apetece, cuéntame en LinkedIn qué parte te resulta más difícil cuando trabajas historias humanas: el consentimiento, el equilibrio entre emoción y contexto, o la revisión final antes de publicar.

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