Un truco que funciona: en vez de preguntar “¿estás de acuerdo?”, pregunta “¿cómo lo has entendido?”. Si no lo pueden explicar con sus palabras, no hay consentimiento real.
2) Capacidad de decisión: la persona no es “un caso”, es un sujeto
Capacidad de decisión significa que la persona decide qué cuenta, qué no cuenta y cómo se la nombra. También significa que no empujas la historia hacia el guión que a ti te conviene.
Si el testimonio solo muestra carencia, sufrimiento o dependencia, falta autonomía y voz propia. La dignidad no es “hablar bonito”: es mostrar a la persona con capacidad de decisión, aunque el contexto sea difícil.
Esto conecta con buenas prácticas periodísticas cuando se trabaja con menores: UNICEF insiste en representar sin comprometer derechos ni bienestar, y en proteger especialmente a niños y jóvenes en la forma de reportar.
3) Contexto: sin contexto, la historia se convierte en estereotipo
El Código de Dóchas lo dice sin rodeos: hay que representar la situación en su contexto inmediato y más amplio para mejorar la comprensión, y evitar mensajes que estereotipen o discriminen.
Contexto no significa añadir un párrafo académico. Significa lo mínimo para que el público no saque conclusiones falsas. Por ejemplo:
- por qué esa persona está en esa situación,
- qué factores estructurales existen,
- qué se ha intentado ya,
- qué límites hay.
El contexto también protege a la persona: evita que parezca “culpa individual”.
4) Evitar estigmas: cuidado con las etiquetas que encasillan
Hay palabras que se quedan. “Vulnerable”, “beneficiario”, “marginal”, “sin recursos”. Algunas son útiles en informes, pero en comunicación pública pueden fijar identidades.
No estigmatizar significa revisar lenguaje y encuadre para que no reduzca a la persona a un rasgo: pobreza, migración, discapacidad, trauma.
Si tienes duda, prueba esta pregunta: ¿le gustaría a esa persona ser presentada así en una sala donde está su comunidad? Si la respuesta te incomoda, toca reescribir.
5) Derecho a retirar el consentimiento: la puerta de salida existe y es sencilla
Este principio evita muchos daños a largo plazo. Las personas cambian de opinión. Cambia su contexto. Cambian sus riesgos.
El RGPD recoge explícitamente el derecho a retirar el consentimiento en cualquier momento y la idea de que retirarlo debe ser fácil.
En comunicación, el estándar práctico sería: explicar desde el principio cómo se retira, a quién se escribe, y qué puedes hacer (retirar publicación, borrar de canales propios, parar reutilizaciones futuras).
No prometas lo imposible (no puedes controlar capturas o republicaciones), pero sí lo que está en tu mano.
6) Revisión: que la persona no se entere “cuando ya está publicado”
Este punto cambia el tono de toda la relación. Revisión significa que la persona ve (o escucha) cómo queda su historia antes de publicarse, especialmente si puede afectar a su seguridad, reputación o bienestar.
La revisión no es “pedir permiso dos veces” por burocracia. Es evitar sorpresas y corregir interpretaciones que, en edición, a veces se cuelan sin mala intención.
Proceso en 4 pasos para recopilar historias en proyectos sociales y culturales
Aquí va un proceso sencillo que puedes aplicar tanto si haces una entrevista escrita como si grabas vídeo o foto.
Paso 1: Preparar (objetivo, riesgos y límites)
Antes de hablar con nadie, aclara tres cosas internamente:
- Para qué necesitas el testimonio (y qué no vas a hacer con él).
- Qué riesgos existen (identificación, repercusiones, trauma, exposición).
- Qué margen de control tendrás (canales propios, duración, reutilización).
Prepara también un consentimiento en lenguaje normal. Dos párrafos, no dos páginas. Y define desde el inicio la “puerta de salida”.
Si hay menores o personas especialmente vulnerables, sube el estándar. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) recuerda que no se debe entrevistar o fotografiar a menores sin consentimiento previo del tutor legal, y que incluso entrevistas “anónimas” pueden permitir identificación por detalles.