Este proceso revela por qué la comunicación táctica es una especialización sofisticada, no una función de apoyo. Requiere la capacidad de operar simultáneamente en múltiples niveles de abstracción, manteniendo una visión estratégica mientras se optimizan detalles de implementación que pueden parecer menores, pero que determinan el éxito o fracaso de iniciativas completas.
¿Por qué es importante incorporar la cultura en nuestras actividades?
El “storytelling” es desde hace tiempo un recurso esencial a la hora de persuadir a nuestro público. No obstante, es en periodos de lucha discursiva como en el que vivimos, cuando destaca la credibilidad y la confianza que nuestra audiencia tiene en el emisor de nuestro mensaje.
La cantidad de información y la competencia es tal que es muy fácil identificar un vacío entre el “decir” y el “hacer”, haciendo que las instituciones que no dan ejemplo en sus discursos pierdan credibilidad y apoyo social. Es la diferencia entre storytelling y storydoing.
En el caso de la cultura, si se utiliza bien, puede crear conexiones reales y duraderas que despierten emociones, abran horizontes y permitan la creación conjunta. Algunos ejemplos:
- Exposiciones y eventos culturales como obras de teatro o conciertos pueden abrirnos a otras formas de entender el mundo, rompiendo estereotipos y fomentando el descubrimiento mutuo.
- Intercambios y sesiones de capacitación para artistas entre países o disciplinas abren horizontes y crean sinergias entre valores fundamentales a nivel cultural y social.
- Concursos creativos para escuelas o certámenes de fotografía, literatura o dibujo fomentan el llamado «efecto IKEA»: valoramos más aquello en cuya creación hemos participado, incluso cuando el resultado es imperfecto.
- Artistas con impacto social que utilizan su fama y reputación para fomentar diálogos y valores a través de sus obras o apariciones públicas.
La cultura no siempre es abierta e inclusiva. Hay colectivos que por cuestiones socioeconómicas, geográficas u otras no pueden acceder a ciertos eventos culturales. Este artículo no pretende frivolizar sobre el tema, pero en mi experiencia con campañas de comunicación en diferentes contextos, la cultura mueve conciencias donde los logos y los slogans no llegan.
Caso real de Some Call Us Balkans: espacios de encuentro que trascienden fronteras
En los Balcanes Occidentales, las narrativas fragmentadas por nacionalismos y fronteras étnicas limitaban el diálogo intercultural. El proyecto «Some Call Us Balkans» (SCUB) demuestra perfectamente la diferencia entre hablar de reconciliación y crear espacios donde la reconciliación puede ocurrir.
El desafío: Superar décadas de narrativas divisivas que mantenían a las comunidades separadas.
La respuesta táctica: En lugar de crear campañas sobre la unidad balcánica (storytelling), SCUB materializó espacios reales de encuentro que trascienden las fronteras del nacionalismo (storydoing).
La metodología del comunicador táctico
- Consorcio interdisciplinario transnacional
- Red de artistas y activistas de diferentes partes de Europa
- Colectivo itinerante que crea espacios de encuentro físicos y digitales
- Colaboración entre organizaciones locales y entidades culturales europeas
- Foro móvil como plataforma de diálogo
- Plataforma física itinerante para cuestionar, discutir e imaginar narrativas alternativas
- Metodología que desafía las limitaciones de fronteras nacionales y separación étnica
- Espacios de confrontación e imaginación colectiva
- Recolección participativa de contranarrativas
- Colección inicial de mitos y leyendas contemporáneos de los Balcanes
- Enfoque en migración, igualdad de género, monumentos, ruralidad, artes, derecho a la ciudad y equidad
- Convocatoria abierta para «viajeros» que contribuyan con narrativas locales
Resultados medibles
Construcción de comunidad transnacional: Se creó una red creciente de entidades, artistas, activistas, investigadores y profesionales culturales socialmente comprometidos.
Diálogo intercultural: El proyecto logró mejorar el diálogo entre artistas, operadores culturales y público general en la región.
Impacto sostenible: La red establecida continuó generando colaboraciones transnacionales más allá del período de financiación formal.
Este enfoque conecta con lo que Mafalda Dâmaso describe en «The European Union as a Global Cultural Power«: la cultura no es solo patrimonio, sino una herramienta activa de construcción de valores compartidos.
Cuando la promoción de la cultura es un objetivo en sí
Consideremos una diferencia fundamental: una estrategia de comunicación orientada al ámbito cultural puede establecer como objetivo «incrementar el engagement de audiencias jóvenes con el patrimonio artístico«. Es un objetivo claro, medible, y estratégicamente sólido.
Pero entre ese objetivo y su materialización existe un abismo que solo la excelencia táctica puede cruzar. ¿Cómo se traduce «incrementar engagement» en acciones concretas que funcionen en el ecosistema específico donde operan esas audiencias jóvenes?
El Museo del Prado enfrentó ese desafío con resultados excelentes. En lugar de simplemente publicar imágenes de obras con descripciones educativas (el enfoque obvio pero inefectivo), desarrollaron un lenguaje visual y narrativo que funcionaba dentro de las expectativas culturales de TikTok. Utilizaron tendencias virales y emplearon formatos que funcionaban en videos de segundos.
El logro: millones de visualizaciones y evidencia medible de que el contenido generaba interés real en visitas físicas entre demografías que tradicionalmente no se conectaban con museos.
Caso real de El Louvre: De «digitalización» a 15 millones de visitas web anuales
El caso del Musée du Louvre ilustra perfectamente cómo la excelencia táctica transforma objetivos estratégicos en resultados medibles excepcionales. La institución tenía un objetivo estratégico claro: modernizar la experiencia del visitante y ampliar el acceso a sus colecciones a través de innovación digital. Era una estrategia sólida, pero genérica (el tipo de objetivo que podrían tener docenas de museos importantes alrededor del mundo).
La diferencia estaba en la traducción táctica. En lugar de simplemente «digitalizarse», el equipo del Louvre identificó comportamientos específicos que querían generar: visitantes más preparados para su experiencia física, audiencias globales que se conectaran con las colecciones sin viajar a París, y jóvenes que vieran el arte clásico como relevante para sus vidas digitales.