Pensemos en alguien que lleva meses trabajando en un proyecto internacional. Conoce los nombres detrás de los correos, ha aprendido a entenderse con personas de otras organizaciones y ha hecho sitio en su agenda cuando las cosas se han complicado. El informe final llega y, al leerlo, encuentra una frase que le sorprende: su organización se compromete a dar continuidad al programa. Nadie se lo había consultado.
Ahora tendrá que preguntar de dónde ha salido ese compromiso. Quizá le preocupe parecer poco colaborativo, justo cuando los demás están satisfechos con el trabajo. Quizá piense en la conversación que le espera con su equipo, al que tampoco ha podido preguntar si dispone de tiempo y recursos para continuar.
Desde la coordinación, puede haber una explicación bastante corriente: las prisas del cierre, una frase demasiado optimista, una revisión que se dio por hecha. Las personas implicadas pueden haber trabajado con buena voluntad. Aun así, alguien tendrá que responder por un compromiso que no había aceptado.
La coordinación de proyectos internacionales también se juega en esos momentos. Podemos cumplir el calendario y entregar los documentos mientras la relación entre socios se vuelve más difícil. Además de comprobar qué tareas se han terminado, necesitamos saber cómo se han sentido tratadas las personas que las hicieron posibles.
La confianza entre socios también depende de sentirse tenido en cuenta
Confiar en alguien facilita cosas muy concretas: preguntar cuando no entendemos, reconocer que necesitamos ayuda o plantear una objeción sin preparar antes una defensa. En una alianza profesional, esas posibilidades importan porque cada organización llega con sus propias responsabilidades, recursos y límites.
La guía de alianzas de The Partnering Initiative y UN DESA distingue varias dimensiones de la confianza: competencia, fiabilidad, disposición a actuar en el interés de la alianza y transparencia. Podemos confiar plenamente en la capacidad técnica de un socio y, al mismo tiempo, tener reservas sobre cómo toma decisiones que nos afectan.
También hay evidencia sobre el peso de estas relaciones en la coordinación. Un estudio publicado en 2024, basado en una encuesta a 118 participantes de proyectos de investigación e innovación de Horizon 2020 y Horizon Europe, identifica comunicación, confianza y colaboración como prioridades. El calendario permite seguir las entregas; para saber cómo están trabajando juntos los socios necesitamos escuchar también su experiencia.
Me parece importante detenernos ahí, porque resulta fácil atribuir el malestar de un socio a su manera de ser, sin preguntar qué le preocupa. Tal vez quien ahora pide que todo quede por escrito esté tratando de evitar otra sorpresa. Tal vez esté desbordado o haya recibido nuevas instrucciones de su dirección. Podemos observar el cambio; para comprenderlo, tendremos que hablar con esa persona.
Los cinco errores siguientes muestran situaciones concretas que merece la pena revisar cuando la relación entre socios empieza a resentirse.
1. Informar de una decisión cuando ya es demasiado tarde para participar
Imaginemos que varias organizaciones preparan un encuentro dentro de un proyecto internacional. El equipo de coordinación elige la fecha sin consultarla antes con la organización local, que se encargará de invitar a las asociaciones de la zona y confirmar su asistencia. Cuando le comunica el día elegido, otros socios ya han comprado sus billetes y las invitaciones oficiales están enviadas.
La organización local ve enseguida un problema: ese mismo día se celebra otra actividad a la que acudirán muchas de las asociaciones que deberían participar en el encuentro. Si le hubieran preguntado antes, habría podido advertirlo y proponer otra fecha. Ahora cambiarla supone revisar viajes y avisar de nuevo a todas las personas invitadas. Mantenerla puede dejar fuera a parte del público al que querían reunir.
Desde la coordinación, quizá parecía que cerrar la fecha permitía avanzar. Para la organización local, en cambio, el correo trae una dificultad que tendrá que intentar resolver. Además, puede sentir que se cuenta con ella para conseguir asistentes, pero que no se ha tenido en cuenta su criterio al decidir cuándo convocarlos.
Informar permite saber qué se ha decidido; consultar a tiempo permite aportar algo que todavía puede cambiar la decisión. En este caso, la organización local necesitaba intervenir antes de que los demás reservaran sus viajes.
Para evitarlo, podemos acordar qué decisiones toma directamente la coordinación y en cuáles necesita consultar a los socios implicados. La pregunta es concreta: ¿quién conoce las condiciones que debemos considerar y quién tendrá que hacer posible lo que estamos decidiendo? Consultar a esas personas no exige reunir a todo el proyecto ni que cada socio apruebe cada detalle.
Habrá ocasiones en las que una urgencia obligue a decidir con poco margen. Entonces merece la pena explicar qué ocurrió, escuchar las dificultades que ha creado la decisión y buscar juntos una salida. Esa conversación también permite acordar cómo contar con la organización afectada la próxima vez, mientras su aportación aún pueda servir.
2. Fijar un plazo sin ver el trabajo que queda al otro lado
La grabación de una entrevista llega el viernes, dentro del plazo acordado. Para quien la envía, la tarea está terminada. Para quien la recibe, quedan la transcripción, la traducción, la comprobación de datos y una validación institucional antes de publicarla.
Si el calendario no contemplaba todo eso, alguien tendrá que buscar tiempo donde apenas lo hay. Puede que lo consiga. El equipo podrá alegrarse de haber publicado a tiempo, aunque también merece la pena reconocer el trabajo adicional de quienes lo han hecho posible.
En esa disposición a ayudar hay algo valioso. Las alianzas necesitan personas capaces de adaptarse y echar una mano. Pero esa ayuda resulta difícil de sostener cuando siempre recae en las mismas personas y los plazos se fijan contando con que volverán a hacer un esfuerzo extra, sin haberlo hablado con ellas.
Antes de cerrar una fecha, una pregunta puede abrir una conversación útil: ¿qué necesitas recibir para poder hacer tu parte? Quizá una versión del texto que ya no vaya a cambiar, una autorización o unos días para que otra persona revise el contenido. Lo que parece una tarea sencilla desde un equipo puede tener varios pasos dentro de otro.
Cuando esas condiciones cambian, habrá que revisar el acuerdo: mover la fecha, reducir el alcance o repartir de otra manera los recursos. Pedir un esfuerzo adicional puede ser necesario. También necesitamos poder decir que esta vez no llegamos a tiempo y que el equipo valore con nosotros qué se puede ajustar.